Él podía mirar y ver todo lo que el otro hacía.
Veía, veía, veía fuera, más no dentro.
Un día le diagnosticaron un mal crónico del ojo, quizá más
adelante pudiera afectar la funcionalidad de su visión.
Fue entonces, cuando dejo de ver fuera, y ver dentro.
Ver lo que tenía dentro. Ya no ver lo que los “otros” hacen o
dicen o dejan de hacer.
Y se dio cuenta, de lo que él hace, ve, dice y siente.
Fue entonces cuando realmente pudo VER.
PD. No esperemos que nuestro cuerpo HABLE lo que nuestro SER
calla, con una enfermedad.
¡Bendiciones a todos nosotros que estamos aprendiendo a VER
con los ojos del corazón!
Vivian Fretel
