martes, 29 de enero de 2013

La niña, el delfín y su maleta.



A mí, me encantó la imagen, cuando lo vi por vez primera, y me comunicó tanto! …yo lo veo más o menos así:

Un mundo en el que Seres humanos y animales y plantas y naturaleza en total puedan entrelazar sus mundos y ser uno en esencia. 

El caminar sobre el agua, refleja nuestro espíritu ligero que no se hunde, que vuela, que se posiciona de una manera no existente al donde estamos ahora. Donde el agua es un camino, un medio más donde se establezca un contacto natural. 

El reflejo del agua también habla de lo que somos, y lo que podemos ser. 

Por un lado está, estar de la mano con el delfín, que es una criatura tierna de entrega de amor, ese lado divino que todos tenemos pero que muchos no conocemos o no hacemos caso a veces, pero que una vez descubierto puede establecer una conexión con el todo. 

Del otro lado, a la vez la persona tiene una maleta…que bien podría ser los secretos que nos faltan escudriñar de nuestro propio ser, es decir lo que todavía llevamos con nosotros, nuestras reacciones, nuestros problemas, nuestros rencores, nuestras tristezas, nuestra comodidad, nuestras posesiones de todo tipo, nuestros triunfos, nuestras alegrías y dichas…todas ellas cosas de las que aún no nos desligamos, y que de alguna manera a veces no nos dejan avanzar en el camino de descubrir quiénes somos. 

Es por eso que al tener estos dos frentes, se muestra la dualidad que todos tenemos, el reflejo propio de nosotros mismos. 

Esta dualidad hace que a veces no comprendamos lo que nos pasa y que queremos en verdad, que no comprendamos a los demás seres. 
…Pero una vez que tomamos CONCIENCIA de nosotros mismos, sepamos quiénes somos, nos comprendamos a nosotros y a los demás y VEAMOS nuestro reflejo interno, PODREMOS experimentar con la CREACIÓN y redescubrir nuestra propia ESENCIA Divina y SER UNO por fin con el todo y TODOS.

Vivian Fretel

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